viernes, 29 de junio de 2012

Somos los dueños de nuestro silencio

De pequeña aprendí que para comunicarse no siempre son necesarias las palabras.

Las palabras se pueden manipular, pueden perder su valor o tener demasiado. En cambio el silencio es más noble. El silencio es algo que se puede compartir. El silencio es estar en control. El silencio es poder. 

Un día simplemente deja de hablar y descubrirás que ahí es cuando empiezan a escucharte mejor. Dicen que somos esclavos de nuestras palabras y dueños de nuestro silencio. Y yo nunca voy a ser esclava de nada.

Sufrir en silencio es un grito desesperado, un grito mudo que ensordece. El vacío se vuelve innombrable porque solo nombrar eso que nos falta nos parte el corazón por la mitad.

Es como eso que no quieres contar para que no se pinche, crees que el solo hecho de nombrarlo puede arruinar todo. ¿Lo existe en silencio deja de existir si lo ponemos en palabras? Palabras obvias que no hace falta decir o tal vez justamente por obvias hay que decirlas. Lo has visto mil veces, sabes que pasa, pero hasta no ponerle palabras no es real.

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